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El Suicidio en la
Iglesia
Por Larry Taylor Calvary Chapel Bible College 1994
SUMARIO
DEDICATORIA
I EL PROBLEMA
II LAS CAUSAS
III EVALUANDO LA LETALIDAD
IV NUESTRA RESPUESTA
V EL SUICIDIO EN LA BIBLIA
VI COMO AYUDAR A LOS SOBREVIVIENTES
VII UN TESTIMONIO PERSONAL
DEDICATORIA
Este pequeño testimonio es dedicado amorosamente a la memoria de
Elliott Lowell Taylor, mi primogénito y muy amado hijo, que nos
dejó el 11 de febrero de 1986.
Y a mi pastor y su esposa, Chuck y Kay Smith que amorosamente me sacaron
adelante en la noche más negra de mi vida.
I. EL PROBLEMA
El suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de
los E.U. entre las edades de 15 a 24 años (LA Times, Abril 17,
1994).
Por lo menos 5,200 personas mueren anualmente en los E.U. por su propia
mano. (LA Times, Abril 17, 1994)
El área oeste de los Estados Unidos tiene el más alto
índice en toda la nación de suicidios. (Suicide Area Regional
Effort, Colorado Springs, CO, Abril 25, 1986).
Siete de cada diez suicidios en los Estados Unidos ocurren en el área
montañosa. (Ibid)
El suicidio es la causa principal de muerte entre las muchachas más
sobresalientes de la secundaria.
Los muchachos se suicidan más frecuentemente que las chicas porque
ellos utilizan medios más letales para acabar con sus vidas.
(Sun Newspaper, San Bernardino, CA, Abril 16, 1994).
El índice de suicidios entre adolescentes de 15 a 19 años
se cuadruplicó de 1950 a 1988 (Behavior Today, Vol. 22, No. 42,
Oct. 14, 1991).
En un estudio que se realizó en el año de 1990 a los grados
del noveno al doceavo, se reportó que el 27% de los muchachos
habían pensado seriamente en suicidarse en los últimos
12 meses. 16% de ellos tenían planes específicos para
hacerlo y la mitad de ellos ya la habían intentado (Ibid).
En el mismo estudio se reportó que eran más susceptibles
al suicidio las jóvenes estudiantes que los varones. Los estudiantes
latinos y blancos tienen más tendencia al suicidio que los jóvenes
negros, y el 9 al 14% de los estudiantes reportaron que habían
atentado contra sus vidas alguna vez en sus vidas (Ibid).
Kurt Corbain que encabeza al grupo Nirvana se suicidó disparándose
en la cabeza bajo la influencia de drogas en abril de 1994, al respecto
se suscitó por imitación una serie de suicidios entre
los aficionados de este grupo musical a lo largo y ancho de los Estados
Unidos, incluyendo a un joven de 17 años que se disparó
en la cabeza influenciado por la música de dicho grupo (The Sun,
San Bernardino, Abril 16, 1994).
El grupo que tiene el índice más elevado de suicidios
se encuentra entre los hombres de más de 65 años (Suicide
Prevention Workshop, Colorado Springs, CO, Mayo, 1986)
II. LAS CAUSAS.
1. Control.
Según un estudio hecho después de las muertes de los suicidas,
se reporta que éstos experimentan descontrol en su vida. Ellos
sienten por varias razones que han perdido el control de sus vidas.
Cambios tales como ir a la preparatoria, universidad, entrar a un nuevo
trabajo, retiro, conflictos éticos y morales, problemas familiares
tales como el divorcio o el fallecimiento de algún ser querido,
todas estas causas hacen sentir al individuo descontrolado e imposibilitado
para dirigir el curso de su vida. El resultado es un sentimiento interior
de pánico, un sentimiento de pérdida que los lleva a sentirse
sin esperanzas e impulsivos.
2. Un trauma Previo.
Algunas personas que se suicidan tienen un profundo trauma del pasado
en forma de incesto, violación o abuso sexual, que les provoca
un sentimiento de estar desvalidos. También es común entre
individuos que han sido abusados sexualmente de pequeños, que
se culpen a ellos mismos, sintiendo una gran culpa, como que no son
dignos y que merecen ser castigados.
3. Cambios drásticos
Adolescentes tratando de entender el divorcio de sus padres, un adulto
que repentinamente queda desempleado, un adulto en edad de jubilarse
que se ve forzado a retirarse antes de lo deseado, cambios indeseados
o cosas por el estilo dejan a las personas sintiéndose que sus
vidas giran sin control; como que van cabalgando sobre un caballo desbocado
a través de un campo. Siendo un jinete inexperto, uno trataría
de safarse por el miedo que se siente, dando como resultado una lesión
grave. La vida se nos presenta algunas veces de esa forma como si estuviéramos
cabalgando un caballo sin control y el jinete trata de safarce por la
vía del suicidio.
4. Suicidio por imitación.
Como las docenas de adolescentes que se suicidaron al reaccionar impulsivamente
por la muerte suicida de su héroe, Kurt Corbain o algún
otro en su comunidad.
5. La incapacidad de comunicar el dolor.
Aquellas que no pueden expresar lo que sienten verbalmente, aún
su pena, y que se ve reflejado en un comportamiento de rebeldía
que muchas veces los lleva al suicidio.
6. Algún familiar en la familia que se suicido.
Un niño cuyo papá intentó o llevó a cabo
el suicidio, es ocho veces más susceptible a suicidarse que los
demás porque tiene el modelo a seguir. Se le ha enseñado
con el ejemplo que el suicidio es una alternativa legítima para
solucionar sus problemas.
7. Depresión.
La idea de que la mayoría de las personas que se suicidan son
depresivas, no es exacta. De hecho, una gran parte de las personas que
se suicidan no parecen estar deprimidas. Aunque muchas de ellas estuvieran
deprimidas en el pasado. Cambios en sus hábitos de comida y sueño,
pérdida de peso sin razón aparente, estados de ánimo
cambiantes y una apariencia de calma después de una etapa depresiva,
son señales que nos alertan que existe un peligro potencial.
8. Comportamiento impulsivo.
Los adolescentes se caracterizan por su impulsividad, actúan
sin pensar en las consecuencias de sus actos. En consecuencia, sin mayor
aviso pueden verse envueltos en una reacción suicida por un pensamiento
o sentimiento que se les ocurrió.
9. Música.
Algunos de los ritmos de hoy como speed metal, thrash, rap, black metal
y otras formas de música rock, están cargados con mensajes
suicidas, en sus canciones enseñan que la vida no tiene sentido,
que las drogas son buenas y que Dios no existe y que el suicidio es
bueno.
10. Juegos.
Juegos relacionados con el ocultismo, en especial el de "Dungeons and
Dragons" crean fantasías suicidas que impulsan a la autodestrucción
y convierten al suicidio en algo noble y bueno. Estos juegos atraen
tanto la atención de los participantes que se ven fuertemente
influenciados a creer en la filosofía enseñada.
11. Las películas.
Películas relacionadas con el ocultismo, como las de la popular
serie "La Guerra de las Galaxias", enseñan una filosofía
oriental que habla de que la muerte no existe, simplemente es una transformación
a otro estado de vida, a la unión de cierta fuerza cósmica.
El suicidio es proyectado como una brillante y noble aventura.
12. Libros.
Los libros de ciencia ficción y ocultismo, predican un mensaje
de autodestrucción a sus lectores.
13. Mal estado de salud.
El diagnóstico de una enfermedad incurable, la precaria salud
de un anciano, el miedo al embarazo, el miedo al cáncer o cosas
parecidas pueden llevar a las personas al suicidio.
14. El humanismo existencial.
La filosofía humanística que influye en el sistema escolar
oficial y los medios de comunicación de los Estados Unidos hoy
en día, la cual enseña que no existe Dios, y que no hay
muerte después de la vida, no hay juicio, no existe el bien y
el mal, que la moral es relativa, que no hay absolutos y que la raza
humana es el centro del universo. Esto deja sintiendo a las personas
sin esperanzas en un universo tan vasto sin amor y propósitos,
sin ninguna base para darles a sus vidas algún propósito
o dirección. Si la vida no tiene sentido y si el ser humano es
tan sólo un chango crecido, si no hay bien ni mal; se les da
razones a las personas que tienden al suicidio para escoger vivir o
no. Es evidente que por la razón de que ahora se les permite
quitarse la vida a las personas cuando tienen una enfermedad incurable,
que ahora el suicidio representa el último "derecho" al que tiene
una persona que sabe que va a morir. Y que junto con el aborto se ha
legalizado.
15. Las Drogas.
Desde 1960 nuestra cultura ha sido inundada con drogas alucinantes que
cambian la conducta de las personas, afectando su habilidad cognoscitiva
de razonar y provocan impulsividad. Aún la mariguana el Médico
Mayor de los Estados Unidos, declaró en 1994 que debería
ser legalizada, que pueden cambiar radicalmente la conducta o pensamientos,
y ni que decir de los que aceleran, LSD, cocaína, heroína,
PCP, y un sinnúmero de drogas que ya están al alcance
de cualquiera.
16. Enfermedades mentales.
Los psicóticos frecuentemente actúan impulsivamente, con
un comportamiento de autodestrucción y son vulnerables a suicidarse
durante el proceso.
17. Satanás
Finalmente, el diablo es el causante que hay detrás de todos
los problemas anteriormente expuestos, el enemigo del alma que busca
matar y destruir que anda a la caza de quien pueda devorar. Las personas
suicidas de alguna manera han escuchado las mentiras del diablo y se
han dejado influenciar por éste.
III. EVALUANDO LA POTENCIALIDAD AL SUICIDIO.
¿Cómo saber si una persona tiende al suicidio?
1. ¿Tiene ya trazado algún plan? Pregúntenles si
alguna vez han pensado en quitarse la vida. Si la respuesta es sí,
entonces se les pregunta en qué forma lo harían. Escuchen
con mucha atención a la respuesta. Si estas personas tienen un
plan viable que realmente pueda funcionar, entonces nos encontramos
con un candidato con alto riesgo de suicidarse, en consecuencia hay
que actuar de inmediato para prevenir el suicidio.
2. ¿Se siente la persona cómoda con la idea de la muerte?
Si es así, ¿No presentan miedo a suicidarse, ¿Tienen
un plan ideado para suicidarse como opción para ellos? Si es
así, corren un grave peligro.
3. ¿Existe una o más causas de las que se enlistan anteriormente?
Depresión, drogas, juegos relacionados con el ocultismo, libros
o películas de ficción, música suicida. Si existe
algo de eso el riesgo es cada vez más alto.
4. ¿Tienen intenciones de llevar a cabos sus planes? Si hablan
de tomar una sobredosis de drogas, si saben o tienen formas de conseguirlas;
si hablan de usar alguna arma y tienen acceso a ésta, si esta
persona es impulsiva, o si explota con facilidad y se torna violenta.
5. ¿Se ha notado recientemente algún cambio y en especial
un cambio no deseado en la vida de esa persona? ¿Se ha desecho
últimamente de objetos personales?
6. ¿Saben ellos que existe Dios que los creó y a quién
van a tener que dar cuentas de sus vidas? Si no es así, el riesgo
del suicidio asciende hasta las nubes.
7. Observar si ya existe una combinación entre la idea del suicidio
y el plan para llevarlo a cabo.
Estas siete razones indican que uno se encuentra tratando con una persona
potencialmente suicida y nuestra respuesta es vital para contrarrestarlo.
IV. NUESTRA RESPUESTA
¿Qué deberíamos hacer después que evaluamos
que estamos delante de una persona suicida y hemos concluido que hay
un alto riesgo?
1. Si se esta tratando con una persona potencialmente suicida, hay que
tomar acción inmediata. Por favor, todas las insinuaciones o
tretas hay que tomarlas muy en serio. Algunas personas se quitan la
vida por error; porque tan sólo intentaban con ello llamar la
atención, por tratar de clamar por ayuda y nadie acudió
a su llamado hasta que ya había ocurrido lo indeseable. Hay que
tomarlos muy en serio. Trate todos los intentos suicidas como reales
y dé una solución. Si la persona sólo esta tratando
de llamar la atención, pronto aprenderá que esa no es
la mejor forma de llamarla, e intentará hacer algo diferente
la próxima vez. No hay nada de divertido en ir a parar a un hospital
para que les hagan un lavado de estómago y luego ser llevados
a un hospital psiquiátrico para una evaluación. Una persona
que sólo trata de llamar la atención no intentará
atreverse por eso nuevamente; por otro lado, la persona que verdaderamente
esta intentando suicidarse tendrá su vida salvada.
2. Si la persona que se quiere suicidar tiene un plan que realmente
funciona, tomar las siguientes medidas:
No dejarla a solas ni por períodos cortos, no dude en llevarlos
a una clínica especializada para estos casos y hospitalizarla
de ser necesario. Sabiendo que éstas clínicas para enfermos
mentales no son nada divertidas, pero que pueden prevenir que la persona
se quite la vida mientras uno puede aprovechar para llevar a esta persona
a los pies de Cristo.
3. Lleve a la persona a Cristo. Explíqueles el evangelio y que
todos somos pecadores separados de Dios, pero que Dios les ama y quiere
tener una íntima relación con ellos, por eso mandó
a su Hijo para que muriera en la cruz por ellos, llevando a cuestas
el castigo que nosotros merecíamos, y que si creemos en Él,
nuestros pecados son perdonados y Dios nos dará vida eterna.
4. Ore porque ellos puedan ser lleno del Espíritu Santo. Esta
persona necesita del Espíritu Santo para resistir al enemigo
y estar parado en Cristo, ore porque sea bautizado, sumergido en Él,
lleno y ungido por el Espíritu de Dios.
5. Discipúlelos. Haga que las personas se involucren es estudios
de Biblia y que apliquen la Biblia en su vida cotidiana. Por medio de
la oración, comunión y estudio de la Biblia, motívelos
a crecer cada día más en Cristo.
6. Escuchar. Regularmente estas personas cargan con un dolor muy profundo.
Escúchelos cuidadosa, regular y cotidianamente. Luego, ore por
ellos, lea lo que dice la Escritura y como se aplica a sus vidas en
esa situación particular. La Biblia esta llena de promesas para
las personas solitarias, los moribundos, aquellos que se sienten desesperanzados
y aquellos necesitados de amor y perdón.
7. Anímelos a dejar de escuchar la música secular, los
juegos ocultistas, la lectura o películas de fantasía
o ciencia ficción, sus amigos mundanos y las ideas de la Nueva
Era que alimentan la mentalidad suicida.
8. Hay que invertirles tiempo. Una persona suicida que lleva gran pena
por dentro es un poco confusa, y esta necesitada de cariño, es
vital que se relacione con alguien que los conozca y los ame y que camine
consistentemente con Dios a través de su Hijo Jesucristo.
9. Ayude al individuo a que caiga en la cuenta de qué Dios que
lo ama y tiene todo para él, aun lo que esta fuera de nuestro
control. Ayúdelo a confiar y a descansar en su amor.
10. Muéstrele al individuo que no solo tiene derecho a vivir,
sino que tiene la obligación de vivir para Cristo.
11. Muéstrele que el suicidio es un pecado contra Dios, que se
le hace un daño terrible a la familia y a los amigos, que es
una cobardía y que esta basado en un concepto erróneo
de que el suicidio resuelve algo. En realidad es la mentira de Satanás
que dice que con eso se acaban todos los problemas; y esto en realidad
no resuelve nada porque la vida que viene es mucho peor que la que se
está viviendo sin Cristo.
12. Hágale saber a la persona que esta bien que uno se enoje
o este triste o confundido o con dolor, y que está bien manifestar
estos sentimientos apropiadamente a través de consejo y oración.
13. Anime a los familiares y amigos a involucrarse, apoyar, motivar
y orar por la persona suicida.
14. Utilice la ayuda profesional de los médicos, consejeros,
pastores y el apoyo de grupos cristianos en su comunidad. Trabaje conjuntamente
con otras personas para ayudar a la gente que está sufriendo.
V. EL SUICIDIO EN LA BIBLIA
Hay siete citas en la Biblia que nos hablan del suicidio:
1. Sansón.
Ciego, derrotado y encadenado por los filisteos debido a su propio pecado
en contra de su voto nazareo a Dios, se mato a él y a sus enemigos
derrumbando el templo sobre ellos (Jueces 16:30).
2. Saúl.
Derrotado por sus enemigos, y tomando posturas de loco, luchando por
mantener su posición aunque Dios lo había rechazado para
darle el lugar a David, se dejó caer sobre su propia espada (1
Samuel 31:5).
3. El escudero de Saúl.
Por lealtad a su señor, también él cayó
sobre su propia espada (1 Samuel 31:5).
4. Judas.
Habiendo traicionado a Jesucristo, se fue y se colgó, entonces
su cuerpo cayó y se despedazó sobre las rocas (Hechos
1:8).
5. Abimelec.
Un juez de Israel fue mortalmente herido cuando una mujer de Tebes arrojó
sobre su cabeza un pedazo de rueda de molino y para quitar la afrenta
de ser muerto por una mujer, Abimelec pidió a su escudero que
le traspasara con su espada (Jueces 9:54).
6. Zimri.
Un rey malvado, que mató a todos sus parientes y amigos a él
mismo (1Reyes 16:18).
7. Ahitofel.
Consejero del rey, al ver que Absalón no había seguido
su consejo, se colgó (2 Samuel 17:23).
Es interesante observar que la Biblia no hace comentarios buenos o malos
sobre estas acciones, y que tampoco hace mención de que es lo
que sucedió posteriormente con sus almas.
Por la razón de que la iglesia Católica enseña
la doctrina de que uno es salvo por sus obras (específicamente
por medio de los sacramentos), cosa que no es Bíblica, según
está, las personas que se suicidan no pueden ser salvas y pasarán
su próxima vida en el infierno, se les negaba el derecho a tener
un funeral y entierro y el cuerpo pasaba a manos de la iglesia. Esto
prevalecía en la iglesia Católica de la edad media, aún
los familiares del suicida eran echados fuera del pueblo y mantenidos
en el exilio.
La iglesia Protestante en el tiempo de la Reforma continuó con
muchas de éstas prácticas y actitudes, tratando a los
sobrevivientes como criminales, e insistiendo en que las personas muertas
estaban en el infierno.
De cualquier manera la Biblia no determina en que lugar se encuentran
las personas que mueren por esa razón. La conversión,
cielo o infierno es determinado por el hecho de que la persona haya
recibido y confiado en Jesucristo como Señor y Salvados.
Eso trae a colación que un nacido de nuevo no podría suicidarse.
Pero es como argumentar que un verdadero nacido de nuevo no puede caer
en pecado. Un verdadero creyente puede caer en adulterio o robar, mentir,
transar o codiciar o ser abusivo o tener malos deseos en su corazón.
Ningún creyente debería hacerlo pero tristemente verdaderos
creyentes lo hacen de tiempo en tiempo.
Pero uno puede pensar, la persona que comete adulterio tiene tiempo
de arrepentirse, la persona que se mata a ella misma no tiene tiempo
de arrepentirse, en consecuencia muere en pecado. Este es el argumento
de la Iglesia Católica: La persona que se suicida no tiene tiempo
de recibir los últimos sacramentos. Mas nuestra salvación
no depende de nuestra habilidad para arrepentirse, de otra manera cualquier
creyente que muriera sin haber confesado sus pecados en el corazón
y que no estuviera alerta de estos, perdería su salvación
a iría al infierno. No, la salvación no depende de nuestro
arrepentimiento, depende de los méritos de Jesucristo al morir
en la cruz por nosotros.
Hay cientos de versículos que indican que Dios es un Dios misericordioso
y que es capaz de perdonar cualquier pecado e iniquidad; pero, para
los fines de salvación en las Escrituras no existen versículos
que amparan que la salvación depende de nuestras obras de justicia
o que alguien que se suicida no puede ir al cielo.
Como podemos ver, un cristiano nacido de nuevo podría cometer
suicidio, y si así lo hiciera, iría al cielo. El hecho
es de gran consuelo para los familiares y amigos. Cuando se les está
dando consejo a una persona altamente suicida, desde luego que no se
le aconseja que siga adelante porque de cualquier manera irá
al cielo, pero honestamente le puedo decir a los familiares de una persona
que se suicido, que si ésta conoció a Cristo, entonces
irá al cielo.
Esto no minimiza el hecho de que el suicidio es un pecado terrible,
un acto de egoísmo, una tragedia cruel para la familia y totalmente
en contra de la voluntad de Dios. Pero como cualquier otro pecado, no
importa que tan escondido, es perdonable y capaz de ser cubierto por
la sangre de Jesucristo.
La caída de Sansón entra dentro de la categoría
de los que han resbalado. Aún así espero verlo en el cielo
debido a la gracia de Dios a pesar de su falla moral y su pecado.
El escudero de Saúl fue un error de lealtad mal entendida. Confinarlo
a él al lago de fuego porque cometió un acto impetuoso
en su juventud, es como hacer del amor y el perdón de Dios una
falsedad.
Ahitofel fue un devoto creyente la mayor parte de su vida o por lo menos
eso parece, pero que cometió un trágico error político
en su vejez que lo hizo sentirse derrotado y avergonzado. No hay indicación
de que él haya perdido su salvación por causa de su pecado
final.
En donde pase la eternidad una persona depende más de lo que
hacemos con Jesucristo, que de la forma en que morimos. Obviamente la
respuesta del cristiano ante los sobrevivientes de la persona que se
suicidó debe ser de compasión, de amor, como tratando
de sanar la herida y no de aislamiento.
VI. CÓMO AYUDAR A LOS SOBREVIVIENTES.
La repentina pérdida de un familiar produce un intenso dolor
y pena. El suicidio es todavía peor porque deja a los familiares
con un terrible sentimiento de culpa y vergüenza, cosa que con otros
tipos de muerte no sucede. Cuando un familiar se suicida, la sociedad
se torna hacia los familiares como si hubieran cometido un terrible
error. El suicidio no es honorable y para el común de las personas
no es entendible.
Los familiares de una persona que se suicida en general experimentan:
1. Un tiempo largo para recuperarse.
Es normal para los miembros de la familia de alguien que se ha suicidado
que sienta un dolor profundo por un lapso de 5 a 7 años en promedio.
Algunas personas pueden recuperarse por aún más largos
periodos. No los presionen, denles tiempo para que sanen de su herida,
lo cual es un largo proceso.
2. Culpa.
Un sentimiento profundo de que de alguna manera ellos ayudaron a que
eso sucediera o de que pudieron prevenir el suicidio. Mientras los consejeros
del mundo tratan de arreglarlo por lo general con un "no es tu culpa",
hay algunas ocasiones en que en parte si se debe a una falla o pecado
de otros. Cuando éste es el caso, de cualquier manera la sangre
de Cristo esta disponible para lavar la culpa y la vergüenza, y traer
perdón. Además, las personas tienen que caer en la cuenta
de que esa fue la decisión que la persona que se suicido tomó
- una estúpida, pecaminosa elección, pero al fin y al
cabo su elección - no fueron forzados a cometerlo. Muchas personas
vienen de familias que están lejos de ser perfectas con grandes
problemas y sin embargo no se matan a sí mismos.
3. Vergüenza.
Existe honor cuando un soldado o un bombero muere cumpliendo con su
deber, pero qué honor puede haber para una persona que se suicida
(a menos que sea un judío en Masada). El suicidio trae vergüenza
a la familia. Las personas preguntan: ¿y cómo murió?
y cuando uno les dice como, ellos no dicen nada. La vergüenza hunde
y los familiares de la persona que se suicidó quisieran que eso
hubiera sido de otra manera. Entiendo que el suicidio no excluye a una
persona del cielo, que Dios en su infinita gracia, y porque Jesús
cargó con nuestra vergüenza, ellos se irán recuperando
de ese sentimiento gradualmente.
4. Pena.
Como la pérdida de cualquier ser querido, el suicidio trae intensa
tristeza y pena a los sobrevivientes. Lo más doloroso de ésta
pérdida es que una ama a la persona que se suicidó y se
le extraña intensamente. Nadie quitará eso de ahí,
la agonía y el profundo dolor por esa pérdida es intenso.
Se me ha dicho que de todas las pérdidas, la más dolorosa
es cuando los padres pierden a sus pequeños, por eso cuando un
adolescente se suicida es más trágico todavía.
La pena de los demás miembros de la familia después de
un suicidio es real, profundo y fuerte. También es muy duradero.
Como lo mencionábamos anteriormente los familiares sienten una
profunda pena de entre 5 a 7 años en promedio. Aunque no hay
un bálsamo en Gilead, si hay sanidad en el nombre de Jesús.
Cuando nosotros traemos el amor de Jesús a otros. Su dulce Espíritu
nos rodea y nos consuela. De hecho, su Espíritu es otro "Consolador"
justamente como Jesús quién puede sentir el dolor y pena
de un corazón sangrando, Él mismo se hizo varón
de dolores, experimentando el quebranto. Este es el dulce y tierno amor
de Dios, consistentemente demostrado por largo tiempo, el cual sana
las heridas de un corazón roto.
5. Enojo.
Los familiares de la persona que se suicida casi siempre experimentan
un sentimiento de enojo porque la persona que aman prefirió morir,
se dio por vencida y los abandonó, los dejó sintiendo
un gran dolor y pena, los hirió a ellos y a otras personas que
lo amaban. Es normal que una persona sienta enojo contra la persona
que se suicidó. Con cualquier muerte es normal que las personas
se sientan enojadas con Dios por no prevenir la muerte. Desde luego
que Dios no se ve afrentado por el lastimero enojo de los hombres y
es tan misericordioso que no desecha a los dolientes solamente porque
de repente tuvieron un arranque de enojo por la situación. Sin
embargo, es un error el culpar a Dios, el suicidio no es su falta. Nosotros
tenemos libertad pero desgraciadamente hacemos elecciones tontas. Los
sobrevivientes al suicidio que sienten coraje con la persona que se
suicido, tienen que llegar al punto de que la tienen que perdonar por
haberse suicidado. Es difícil perdonar a una persona con la que
no se tiene contacto pero si se puede conseguir con el tiempo. Es cuestión
de ejercitar la voluntad de liberar a esa persona de culpa y perdonar.
Declarar que escogemos perdonar a la persona que nos lastimó
a nosotros y a nuestra familia escogiendo abandonarnos a través
del suicidio. Y se continua haciendo esa misma confesión día
tras día hasta que no se guarde ninguna tristeza en el corazón.
6. Miedo.
Tras la muerte de su esposa, C.S. Lewis dijo: "Nadie me dijo que las
heridas del corazón se traducían en forma de miedo". Y
de verdad que se experimenta. La repentina muerte de un ser querido
deja a sus familiares con un sentimiento de que el mundo gira sin control,
como que el vivir es una cosa que da miedo y es impredecible. Esta sensación
deja a los sobrevivientes pensando qué vendrá en la siguiente
ocasión. ¿Qué otras heridas tendrán en la
vida más tarde? Las heridas dejan huella, y es común para
los sobrevivientes tener síntomas de miedo y fobias y una terrible
ansiedad después de que nuestro ser querido muere. Meditando
en la Palabra de Dios, confiando en su omnipotente amor y en sus infalibles
promesas; pasando mucho tiempo en oración aliviará poco
a poco todos los miedos y ansiedad.
7. El estar aturdido y el shock.
Estas formas son las que Dios usa para anestesiar nuestros sentimientos
de manera que nosotros podemos seguir adelante después de tan
terrible pérdida. Si sintiéramos de un golpe toda la pena,
sería tan fuerte que nos acabaría, así es que Dios
solo permite que sintamos el dolor en poca medida y conforme va pasando
el tiempo, por eso es que las heridas tardan tanto en sanar. El shock
nos deja imposibilitados para manejar los asuntos cotidianos. Lavar
los trastes se hace muy pesado o el tener que cocinar o escoger un atuendo
se nos hace dificilísimo. Las amistades pueden ser de gran ayuda
para hacerse cargo de las actividades de la casa hasta que los dolientes
se sobreponen un poco y pueden retomarlas normalmente. Una antigua tradición
campirana consistía en llevar comidas a los familiares que se
encontraban en esas situaciones, eso era una muestra de genuino amor
y entendimiento. El shock también provoca la inhabilidad para
razonar plenamente, por eso es que es peligroso para los dolientes contraer
nuevos compromisos o cambios inmediatamente después de la muerte
del ser querido. Las decisiones de mayor trascendencia deberán
esperar según dicen los expertos, hasta que pase por lo menos
un año de la muerte de un miembro de la familia.
8. Apartados y rechazados.
Especialmente después del suicidio, los familiares se sienten
como apartados de la sociedad debido a que muy pocos pueden entender
su dolor, y rechazados por la persona que se suicido. Estos dos sentimientos
llevan a las personas a un sentimiento profundo de soledad. Los padres
de adolescentes que se suicidan pertenecen a un club del que ellos nunca
hubieran querido formar parte. Una sociedad de tragedia que la mayoría
de las personas no quiere identificarse con ella. Los cristianos, a
la gente que esta sufriendo ese drama, les hacen las más de las
veces pasar un mal rato, debido a que tratan de dar respuestas a través
de las Escrituras pero que no son las adecuadas. Es preferible admitir
que no siempre se tienen todas las respuestas, pero que amamos a las
personas que están sufriendo, y que estamos ahí para apoyarlos
y que vamos a seguir orando por ellos no importa cuánto tiempo
se necesite para que puedan sentir finalmente alivio.
9. Depresión.
Alguien que ha perdido a un ser querido se siente deprimido. Si no sufren
de la depresión, yo me pregunto si realmente amaban a esa persona.
En este caso la depresión es normal y a través de oración
y el tiempo, ésta sucumbe.
10. Cuestionamiento.
La mayoría de los sobrevivientes al suicidio se preguntan ¿Por
qué se suicido? ¿Cómo hubiéramos prevenido
eso? Si él estuviera vivo ¿Cómo estaría
ahora? ¿Dónde estará? ¿Lo volveré
a ver alguna vez? y otras muchas preguntas. Mi pastor y mejor amigo
Chuck Smith una vez me dijo: "Larry, cuando te estés enfrentando
a una situación que no entiendes, regresa en lo que sí
entiendes". Nos podemos volver locos tratando de contestar las preguntas
que no tienen respuesta. Es mejor hacerlas a un lado y pararse en lo
que si sabemos. Sabemos que si somos creyentes en Jesucristo, sabemos
que Dios es real, que nos ama y que nos mandó a su Hijo Jesús
para que muriera por nosotros y cubriera todos nuestros pecados con
su sangre, para que vivamos para siempre y que Él nunca nos abandonará.
El tiempo de dolor es un tiempo en el que tenemos que poner los ojos
en lo que conocemos y de colgarnos de las bases de nuestra fe. Este
no es un tiempo para hacer especulaciones teológicas o filosóficas.
Como en un antiguo himno dice: "Me colgaré de la antigua cruz".
VII. UN TESTIMONIO PERSONAL.
Aquella mañana mientras atendía a una junta de consejo
con mis colegas, Elliott llamó para decirme que había
perdido el transporte para el colegio. Eso fue a las 10:00 horas.
Elliott era un muchacho brillante - su C.I. era cercano al 170-. Había
aprendido a leer antes de entrar a la escuela, sin que nadie lo ayudara.
A los siete años de edad él leyó los siete volúmenes
de las Crónicas de Narnia, y tuvo total comprensión de
ésto. De hecho, leyó las Crónicas en tres días.
Cuando yo le leía a mi hijo mayor, el seguido me miraba y me
decía, dale la vuelta a la página Papá, porque
yo ya leí eso.
Me puse en contacto con mi Alma Mater, Johns Hopkins, quien era notable
por sus trabajos realizados con niños precoces, y por su recomendación
tomó a Elliott para que realizara una serie de exámenes
psicológicos y educativos. Los resultados me dejaron sorprendido
y asustado. Tenía un hijo más listo de lo que yo fui.
El hecho me intimidó en un principio. Me sentí retado.
Pero conforme transcurrió el tiempo, crecí disfrutando
de tenerlo a él y viendo como aprendía más rápido
que yo. Por ejemplo: escogió electrónica y se puso a reparar
tanto aparato eléctrico descompuesto encontraba en la casa. Me
encantaba observar como Elliott aprendía.
Pero no solo era brillante sino que también era muy sociable.
Virtualmente casi cada persona que lo conocía a excepción
de uno que otro maestro mediocre que no podía mantener su interés,
le amaban. Era cálido, amistoso, extrovertido, la clase de muchacho
que hacía amigos fácilmente en cualquier esfera.
Era importante la destreza que tenía porque Elliott se brinco
el quinto, la mitad del sexto y toda la secundaria, lo cual lo convertía
en el estudiante más joven de preparatoria, obteniendo tan solo
notas de A en todos los niveles académicos. Socialmente él
estuvo desubicado como por dos semanas. Luego comenzó a hacer
amigos, unirse a clubes, desarrollar hobbies.
Uno de sus favoritos era escalar montañas. Pero no cualquier
cosa sino un alto nivel de destreza en las técnicas para escalar.
Verticalmente de cara a las escarpadas montañas de Colorado.
Me mataba del miedo observarlo, pero a él le encantaba. El skie
también era su pasión. En su tercer viaje a las zonas
de skie de las montañas Rocallosas, él gritaba mientras
bajaba las pendientes, pero amaba cada minuto de esto.
Como la mayoría de los niños precoces, él tenía
un agudo sentido del humor que nos mantenía desternillados de
la risa. Él amaba la vida y la gente y le encantaba aprender
por él mismo.
Mi teoría consiste en que los inteligentes saltan una generación.
Él era muy parecido a mi papá. Él también
tenía un intelecto agudo, era una enciclopedia ambulante y su
conocimiento abarcaba un amplio número de materias, tenía
un cúmulo de experiencias y un seco sentido del humor. Como era
de esperarse, él estaba muy cerca de su corazón. A mi
padre le encantaba que él fuera a Annapolis donde le enseñó
el canotaje y a navegar, explorar museos de arte, edificios históricos
y conversar todo lo imaginable posible.
Esa mañana en febrero de 1986 cuando él me llamó
se oía bien. Sus asignaturas nunca fueron un problema así
es que le sugería que se tomara ese día de descanso. Tres
horas más tarde estaba muerto.
Después del lunch ese mismo día sentado tras mi escritorio
sonó el teléfono. Mi vecino se identificó y me
dijo con voz de pánico que me fuera inmediatamente a mi casa
y colgó.
Imaginando que algo andaba muy mal, telefoneé a casa. "Voluntario
del Departamento de Bomberos, ¿en qué puedo servirle?",
una voz extraña contestó. Pero se rehusó a darme
otro tipo de información a pesar de mis súplicas - "poliza"-,
él dijo.
"¿¡Pero qué le pasa!?", grité, "estoy a 45
minutos de mi casa".
"Lo único que puedo decir es que hubo un deceso en su casa, le
recomiendo que venga inmediatamente".
"Algo terrible pasa en casa, me tengo que ir para allá", le llamé
a un compañero de trabajo y me fui directo a casa.
Un año antes compré una granja con bastante ayuda de mis
padres en el Estado de Colorado. 35 millas a las afueras de los Springs
de Colorado, donde yo trabajé. A través del paso de los
años habíamos tenido muchos problemas y dolores y necesitábamos
un descanso, un lugar donde pudiéramos sanar de nuestras heridas
y un lugar donde nuestros hijos Elliott, Raquel y Josué pudieran
crecer con aire puro y grandes valores. Esta era nuestra casa soñada.
Una vieja granja construida en 1906, nuestro propio estanque, árboles
cubriendo nuestros cerca de 10 hectáreas, y otras 30 hectáreas
de ricos pastos para nuestros caballos, ovejas, cabras y pollos.
Pero nuevamente mi mundo se había ensombrecido, pero en esta
ocasión más profunda y completamente que antes.
Al comenzar mi travesía de 45 minutos un sudor corría
por todo mi cuerpo. Sabía que uno de mis familiares había
muerto - mi esposa, uno de mis hijos, alguno-. Quizá sea una
herida grave, pensé, pero la nube de pesar continuó presionándome
e instintivamente me puse a orar.
Acepté a Jesucristo como Señor y Salvador en 1967, y me
decidí a seguirle fervientemente. En mi interior yo me sentía
enamorado de Cristo, Él era entonces a pesar de todos mis dolores
de corazón y aún sigue siendo así hoy, todo en
mi vida.
Mientras estuve en la preparatoria y la universidad, me convertí
en un profundo activista dentro de la política y con una marcada
preocupación por el racismo y la guerra de Viet Nam. Crecí
en Baltimore , la cual en 1950 estaba dividida con mucho de intolerancia
y prejuicios. Cuando era niño todos mis amigos eran partidarios
de la filosofía de los blancos, pero yo era como un pez fuera
del agua con ellos. mis dos padres estaban en el área de ciencias
- mi papá era profesor de Biología y Oceanografía
y más tarde director del Instituto de Bahía Chesapeac
de la Universidad The Johns Hopkins y mi madre estaba como investigadora
técnica en la escuela de __________________ haciendo investigaciones
en Anatomía y Farmacología.
No solo eran inteligentes sino que también me amaban sin condiciones,
me forjaron valores de piedad, me enseñaron a orar y que el racismo
era fundamentalmente equivocado. Mis papas no eran del todo liberales,
se preocupaban profundamente por la gente sin importar el color de su
piel. Mis padres en esencia eran muy patrióticos. Ellos eran
sinceramente creían que todas las personas tenían igualdad
de derechos a los que todos podían aspirar. En consecuencia ellos
despreciaban el racismo.
Manejando hacia mi casa el 11 de febrero de 1986, rodeado por sentimientos
de profundo temor, yo oré.
Quizá por el hecho de mis estudios en justicia social, nunca
se me ocurrió culpar a Dios por las consecuencias de nuestro
pecado y rebelión. El mal existe en el mundo seguramente, pero
Dios no es culpable de eso. Todo el mal proviene de Satanás que
es el dios de éste mundo debido a nuestro pecado y rebelión.
Calladamente oré por 45 minutos por fortaleza y para poder soportar
el dolor para cualquiera situación que se encontrara en casa,
y para tener el valor de sujetarme fuertemente a Jesús fuente
de toda esperanza.
Pude ver las luces de emergencia cuando estaba a una milla de distancia
de la granja. Paralizado caminé por el corredor que llega hasta
mi hogar, y vi la tristísima cara de uno de los bomberos que
estaba parado a un lado. El era nuestro vecino, todos los voluntarios
eran nuestros vecinos. De alguna manera me alentó que mi corredor
estuviera lleno de amigos y no de gente desconocida.
Al tiempo de bajar del automóvil, uno de ellos me dirigió
suavemente hasta la ambulancia que estaba a un lado del camino con las
luces parpadeando. Dentro estaba mi esposa, Kathy, sentada sobre la
camilla, otro de los bomberos y un amigo nuestro, sentado junto a ella
sosteniendo la máscara de oxígeno sobre su boca y nariz.
Gene un amable compañero en sus 50´s pero que más bien
parecía tener 70 por muchos años de trabajo duro manejando
un garaje local.
Con el oxígeno suspendido a un paso de distancia, Kathy, pálida
y blanca, dijo temblando:
"Es Elliott. Está muerto".
Mi corazón se hundió. Olas de profunda y terrible pena
me inundaron. Mi primer pensamiento fue salir de la ambulancia, sentía
claustrofobia como atrapado.
"Tengo que salir de aquí", dije mientras salía de la ambulancia
empujando al otro bombero al camino. Estaba consciente de que ellos
estaban observando mi más mínimo movimiento en caso de
que tuviera un colapso o necesitara ayuda médica. Todos ellos
eran paramédicos así como bomberos entrenados.
Fuera de la ambulancia sobre el camino abracé a mi esposa fuertemente
y le repetía al oído "El Señor da, el Señor
quita, bendito sea el nombre del Señor". Esto fue lo que salió
espontáneamente de mi corazón.
"¿Qué sucedió?" Me lo repetía varias veces
sin encontrar respuesta.
Gene finalmente replicó con su siempre gentil y amorosa voz llena
con profunda compasión que solo puede provenir de alguien que
ha sufrido mucho.
"Encontramos una nota".
"¿Suicidio? ¿Elliott cometió suicidio?" Pregunte
incrédulo. Podía creer que estuviera muerto, pero jamás
en mi vida imaginé que sería porque él mismo se
quitaría la vida. Somos una familia cristiana, amamos y respetamos
la vida, todo lo que se refiere a la vida, "pro-vida" en todo el sentido
de la palabra.
Kathy asintió con la cabeza.
"¿Cómo? ¿Qué hizo?", pregunté varias
veces. Las respuestas venían lentamente a mi parecer, o quizá
porque la vida se va como en cámara lenta.
"Se disparó con un rifle" fue la final réplica de Kathy.
Fue como me percaté del transporte de la escuela.
"Le pedimos al chofer que dejara los otros niños con los Conry"
alguien dijo.
Lloyd y Barbara Conry eran nuestros más allegados vecinos, cerca
de un cuarto de milla arriba. Nosotros compramos nuestra granja por
ellos. Ellos pagaron la hipoteca por nosotros y nos hicimos cada vez
más cercanos a ellos. Ellos eran la clase de provincianos bonachones
de los cuales se lee. Cualquiera de ellos haría hasta lo imposible
por ayudar. De hecho, siempre están buscando la forma de ayudar,
y nos lo mostraban regularmente arreglando cosas, plantando plantas
o cualquier cosa que se necesitara.
"Les tengo que decir a Raquel y a Josué", dije determinantemente.
"No quiero que ellos pasen por la agonía que yo pasé esta
mañana".
El hijo de Gene nos llevó hasta la casa de los Conry.
"Sé como se sienten", él dijo, "perdimos a nuestro pequeñito
hace un par de años. Sólo tenía tres años.
Fue realmente muy doloroso".
Sentí una ráfaga de compasión por él. Quería
abrazarme a mi hermano y llorar con él, pero mis emociones permanecían
encerradas dentro de mí.
Raquel y Josué estaban en la sala mirándonos ansiosamente
a través de la ventana. Mi güerita Raquel de once años
y mi pequeño de ocho años estaban abrazados fuertemente.
Caminé hacia ellos, los abracé poniéndoles mis
brazos alrededor fuertemente, y dije:
"Chicos, es Elliott. Está muerto. Dios está con nosotros.
Jesús jamás nos dejará. Debemos sujetarnos de Él
y entre nosotros. Él nos hará que salgamos adelante. Lo
necesitamos a Él y a nosotros mismos más que nunca".
Los dos estaban sollozando incontrolablemente.
"¿Qué pasó?", Raquel sollozó.
"Se mató con un rifle" dije.
"¿Él se mató? ¿Elliott se mató? ¿Por
qué, oh por qué tuvo que hacer eso?" ella preguntó.
"No lo sé" contesté, "pero lo que si sé es que
Jesús está aquí, y que Él nos ama, y que
nos ayudará, es todo lo que sé".
Para ese momento los brazos de Kathy estaban alrededor de todos nosotros.
Los cuatro estallamos en llanto de una profunda pena por una herida
que nos envolvía a los cuatro.
La terrible agonía de la pérdida que nos sobrecogió,
pero que afligía nuestros corazones en una tristeza permanente,
es una emoción que no tiene descripción. Aún años
más tarde después de la tristeza de sentirnos paralizados,
del llanto y de que los miedos se fueron, todavía permanece una
herida que nos aflige, un dolor interno, un pequeño espacio que
sigue sangrando dentro del corazón y que nunca cambiará.
Y, si la verdad se hubiera conocido, no quisiéramos que cambiara.
La tristeza permanente, la enternecedora pena interna que ya no es tan
dolorosa al recordarla. Nos recuerda de la vida, en nuestro caso, la
vida de nuestro hijo y hermano, que nos tocó muy profundamente;
nos recuerda del amor que tuvimos para él para siempre. Perder
esa sensibilidad de pena, sería como perder amor. Es decir, que
en esencia profunda y fundamentalmente nunca cambiaron nuestras vidas
por el hecho de haber conocido a Elliott. Es algo más que el
que viva en nuestra memoria, es el contacto con él que nos bendijo,
cambió, enriqueció, que nos hizo más humanos, más
alertas a la vida y el amor. La tristeza interna que aún sigue
sangrando, pero no es tan dolorosa como fue en la agonía de un
principio. Ahora es como una dulce pena que emana de nuestras fibras
más sensibles, de las grandes misericordias de Dios.
Cuando Elliott se quitó la vida, estaba vestido como si fuera
a ir a un largo viaje - chaqueta de cuero, mascada alrededor del cuello,
lentes obscuros puestos -. Y que había salido afuera a recoger
a su gato, quien se encontraba exclusivamente afuera. Él dejó
una nota en la que decía que no estaba deprimido, "simplemente
quería tratar una nueva vida".
Nadie esperaba la muerte de él, nadie se imagino que se acercaba.
Él tenía una novia con la que se llevaba muy bien, tenía
dos muy buenos amigos quienes se vieron impactados, otros amigos casuales,
y maestros que se preocupaban por él, estaba en el equipo de
lucha libre, sus notas en la escuela eran casi perfectas, él
había planeado ser ingeniero médico. Su suicidio vino
sin aviso, lejos de alguna tristeza.
El funeral fue una horrorosa experiencia. El amplio auditorio de la
histórica Iglesia Bautista en el centro de Colorado Springs estaba
lleno con compañeros de las dos preparatorias a las que él
asistía, todo su grupo del curso al cual estaba atendiendo recientemente,
amigos, parientes y personas de la iglesia que formalmente yo pastoreaba,
y otras muchas personas que yo desconocía. La asistencia en total
fue de 600 personas.
El funeral fue muy largo, algunas veces parecía un show ostentoso,
resaltado por predicadores invitados, de los cuales ninguno de ellos
había conocido a Elliott íntimamente.
A un lado de la sepultura, luego que el pastor oró, de mi corazón
le compartí a la gente lo siguiente:
"Uno de mis queridísimos amigos una vez me dijo que cuando nos
enfrentábamos con algo de lo cual desconocemos, debemos respaldarnos
en lo que si conocemos y entendemos". (El pastor Chuck Smith me lo dijo).
"No entiendo porqué murió Elliott. No sé porqué
le hizo eso a su familia y amigos que nos ha causado tanto dolor. Pero
si hay mucho de lo que si conozco".
"Pero, cuando me estoy enfrentando con lo que no entiendo, tengo que
aprender a recargarme en lo que sí entiendo. Sé algunas
cosas el día de hoy en medio de esta confusión, pena y
dolor. Se que Dios nos ama, se que su amor es gratuito a través
de su Hijo Jesucristo, se que nuestra salvación descansa en el
trabajo terminado de Jesucristo en la cruz, se que Jesucristo murió
en la cruz para perdón de nuestros pecados, pagó la pena
que nosotros merecíamos, y que Él vive, se que el perdona
a todo aquel que llama en su nombre y cree en Él, se que su amor
es sin condiciones, es eterno y es hoy, yo puedo y debo descansar en
ese amor. No sé lo que sucedió aquí, pero sé
que Jesucristo es Señor de mi vida, que lo seguiré todos
los días de mi vida, y que su amor es para siempre. Yo quiero
que ustedes experimenten ese amor".
La multitud alrededor de nosotros estaba empujando y empecé a
sentir nuevamente claustrofobia, así es que les pedí a
Joe y Neva (amigos que se encargaron de los arreglos del funeral) que
terminaran lo más pronto posible para podernos ir.
Ellos iban manejando - uno manejaba la limosina en la que íbamos
y el otro la carroza con los restos de Elliott-. Fue sepultado en un
precioso cementerio por el cual se apreciaba Pikes Peak - lugar que
más tarde yo amaría-.
Lugar que visitaría los siguientes cinco años para ver
la tumba de mi hijo seguido. Se convirtió en mi lugar favorito.
Raquel y Josué se sentían incómodos ahí
- a todos nos dolía, pero individualmente, pero a nuestra manera,
así es que ese era un lugar especial y muy privado-.
Kathy me ayudó a plantar flores ahí, y yo le puse otros
floreros que mantenía siempre llenos con flores de plástico
todo el año. En Navidad cubría la tumba con una capa de
pasto verde, arrancaba la mala hierba, y lloraba en quieta agonía.
Nadie ha amado nunca a un hijo como yo he amado a Elliott.
En frente de la tumba decía:
ELLIOTT LOWELL
TAYLOR
1971 - 1986
"HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA"
JUAN 10:10A
En el reverso se leía:
TAYLOR
"BENDITO SEA CUYA TRANSGRESIÓN ES PERDONADA Y
SU PECADO ES CUBIERTO"
SALMO 32:1
Mucho de mi tiempo en la tumba era tiempo de oración. Oraciones
de agonía porque extrañaba a mi muchacho profundamente,
más tarde, oraciones de acción de gracias por habérmelo
permitido todos esos años y muchas veces oraciones preguntando
por qué. ¿Por qué sucedió? ¿Qué
fue lo que estuvo mal? ¿A quién se debe culpar?.
Elliott recibió a Cristo como su salvador personal a la edad
de diez años. Iba a la iglesia regularmente y era nacido de nuevo.
Estaba también profundamente confundido con algunas cosas e influenciado
por el enemigo como para destruirse a sí mismo, pero hoy se encuentra
en el cielo en donde no hay sombra ni duda.
Y mi pecado, el cual influenció a mi hijo a tomar su vida, o
por lo menos contribuyó, ha sido confesado y olvidado, y desde
luego perdonado por medio de la sangre de Jesucristo, y se ha ido para
siempre, nunca más recordado por Dios.
Al paso de los años, personalmente he experimentado cada emoción
en este pequeño librillo. Sé de primera mano que la pena,
el dolor, la culpa, el miedo, la tristeza, la ansiedad y el sufrimiento
que se siente por la pérdida de un pequeño que se suicidó.
Elliott se había profundamente envuelto en el vídeo juego
de Dungeons and Dragons y regularmente escuchaba música secular.
Estaba demasiado ignorante para darme cuenta que esto lo estaba llevando,
hasta que fue demasiado tarde. Sé de la tristeza por la pérdida,
pero también sé del consuelo que proporciona el Espíritu
Santo. Sé del perdón de Dios. Sé perfectamente
que Dios puede tomar una vida rota y destruida dentro de su belleza
y gracia. Fuera de las cenizas Él restaura, fuera de la vida,
Él da vida.
Nuestra sociedad esta plagada de la escoria del pecado, y nunca comparados
con el horror del suicidio que parece incrementarse día con día.
Como creyentes en Cristo Jesús tenemos la respuesta: La respuesta
es una relación con el Dios vivo Jesucristo, quien nos ama y
puede perdonarnos, restaurarnos, consolarnos y sanarnos. Cuando Él
regrese, nos encontrará trayendo su amor que sana a otras personas.
Cualquier muerte, pero especialmente el suicidio, pero particularmente
a los familiares les deja sentimientos de culpa. De alguna manera nosotros
fallamos como padres. De alguna manera no me di cuenta de los síntomas,
fallé en no darme cuanta de las llamadas de atención.
Algo debió haber ido mal. Yo tenía un PH.D. en consejo,
había sido pastor por años, fui el capellán de
un hospital, estaba de tiempo completo como pastor consejero con familias
problema. Aconsejaba también en un hospital psiquiátrico
y a distintos departamentos de servicio social. Se supone que debía
conocer las respuestas. se supone que ésto no me podía
suceder a mí.
Pero no tenía respuestas, y ésto me sucedió a mí.
Hay muchos aspectos del dolor y uno de ellos es la confusión.
Por muchos años me sentí confundido, incapaz de armar
el rompecabezas de ¿por qué me pasó?. Y gradualmente,
desde luego, en su tiempo, ya que estaba capacitado para recibir y entender,
Dios me fue mostrando todo lo que necesitaba saber. No es el panorama
completo pero si lo suficientemente completo.
Un número de factores contribuyeron a la muerte de Elliott, pero
el factor más importante fue mi propio pecado. En un sentido
real, yo lo maté, mi pecado enterró a mi muchacho.
Remarcablemente puedo decir libre de culpa que Jesucristo murió
en la cruz aún por ese pecado, y que estoy perdonado. Que Él
ha restaurado y renovado mi espíritu y corazón. Y debería
mencionar para otros afligidos por la muerte de un ser querido que pudiera
estar leyendo esto, que mi caso es inusual y único. En mis dos
años de estar como consejero pastoral que nunca conocí
a otra persona cuyo pecado haya sido legítimamente la causa de
un ser querido. La culpabilidad psicológicamente es destructiva
y un verdadero entendimiento de la crucifixión es la única
solución a esto.
Además yo sé donde está Elliott. Jesús murió
por sus pecados también, incluyendo el pecado de suicidio. Nuestra
salvación no descansa en nuestras obras sino en su gracia. La
gente dice que Dios no puede perdonar el suicidio, porque la persona
no tiene tiempo de arrepentirse. Todos los nacidos de nuevo, cristianos,
se arrepienten en palabra, pensamientos y obras de todos los pecados
que cometen antes de morir?. Nuestra salvación no depende de
nuestra habilidad de arrepentirse, pero solamente en la habilidad de
Dios para perdonar a todos aquellos que vienen a Él a través
de Cristo.
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