Los juicios de copas de Dios, Apocalipsis 16:8-21. Por Mike MacIntosh en San Diego (California), el 8 de junio de 2005.

        Por favor, pasen en sus Biblias al libro de Apocalipsis, al capítulo 16. Vamos a ver las siete copas de ira y juicio que se verterán sobre el planeta después de que la iglesia sea llevada al cielo.

        Quiero que observes muy detenidamente las actitudes y los corazones de la gente en el planeta. Muchas veces a Dios se le acusa de que es un malo, de que se enoja mucho. La realidad es que él ama a la gente. Nos ha dado a todos una oportunidad, pero en su gran sabiduría fijó un día y una hora en que todo se terminará. Llegamos al punto en que todos habrán tenido su oportunidad y, entonces, tiene que permitir que se adelante su juicio.

        Creo que te sorprenderás con este pasaje (si nunca lo habías leído antes). Si te pones a pensar en todo el daño que hizo el tsunami, te darás cuenta de que ese daño no fue nada en comparación con los juicios que vendrán sobre el planeta.

        Tampoco podemos comparar los juicios con los problemas que tenemos ahora con el cambio climático y la subida del nivel del mar. Hay problemas en las zonas áridas, incluyendo las del Medio Oriente y las de África, donde la arena está cubriendo la tierra. Desde hace tiempo, nuestro planeta está cambiando. Lamentablemente, sólo oímos un poco de este problema en las noticias.

        Al ver estos problemas que tenemos en el planeta debemos preguntarnos por qué no se ablanda el corazón de la gente. Si eres cristiano o si quieres serlo, me gustaría pedirte que mires un momento tu corazón. Nos damos cuenta de que es muy fácil que se nos endurezca el corazón. Nos distraemos muy fácilmente con el mundo y fácilmente podemos desviarnos uno o dos grados en nuestra trayectoria hacia la Cruz y hacia la sala del trono.

        Se nos endurece el corazón de repente. ¿Te ha sucedido? Te pusiste a ver demasiada televisión o te fuiste de vacaciones o a algún lugar y quizás no te diste cuenta de que te metiste demasiado en el mundo. Mordiste la manzana y conseguiste más conocimiento de lo que querías. Tenemos que ablandar nuestros corazones para que sean tiernos y buenos ante el Señor antes de que él vuelva.

        “Padre, te pido por éstos, mis amigos, que se han puesto delante de ti: te pido que pongas tu mano sobre cada uno de ellos. Te pido que los honres por tomar tiempo de sus agendas y vidas ocupadas para abrir una Biblia y escucharte.

        Señor, sabemos que en estos días se está haciendo más y más difícil, aun en la comunidad cristiana, escuchar un estudio bíblico. Prefieren oír lo que les hace sentir bien; lo que les dice cómo “encontrar el campeón escondido en su interior” y cómo “tener un propósito”. Son muchas cosas las que distraen a la comunidad de la sencillez de cada verso de la Biblia.

        Te pido que los honres porque están regalándose con tu palabra. Te pido, Espíritu Santo, que los bendigas. Toma estas palabras e inspira nuestros corazones para que hagamos todo lo que podemos para ser hombres y mujeres llenos de piedad. En el nombre de Jesús, amén.”

        Esto de los juicios siempre me provoca preguntas y tal vez tú tienes muchas también. ¿Nunca has tenido preguntas acerca de la Biblia? ¿Acerca de Dios? ¿O preguntas con el "por qué"?

        No podemos contestar todos los porqués. Pienso que Dios ha guardado las respuestas hasta el final para que se las puedas preguntar cuando lo veas cara a cara. Un ejemplo: si un hombre se encuentra solo en un bosque y dice algo, y no hay ninguna mujer alrededor, ¿se le puede reclamar todavía por no haber tenido la razón? No tenemos todas las respuestas de la vida.

        No quiero que les dé miedo lo que vamos a leer, pero sí me gustaría que el temor de Dios crezca en sus corazones si no están viviendo lo mejor que pueden realmente y puramente. Yo siento, y también muchos otros pastores, que ya estamos en la orilla; que el Señor está listo para abrir la puerta.

        “Y oí una gran voz del templo, que decía a los siete ángeles: Id, y derramad las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra”. (Apocalipsis 16:1)

        ¿Es Dios un dios de ira? Ya vimos un poco acerca de la ira de Dios y de que el juicio tiene que ver con el amor. Como padre, yo tuve que trazar límites para los míos. No los podemos dejar jugar en medio del tráfico. En ese sentido, como padres, estamos juzgando. El amor verdadero sí trae juicio.

        Vimos que el Señor ha tenido mucha paciencia ya por miles de años. Hay una hora final y habrá un juicio final y entonces vendrá esta ira de Dios. Pero me gustaría que reconocieras que la ira de Dios, según tus pecados, cayó sobre su Hijo unigénito, Jesucristo. ¿Te das cuenta? Toda la ira que puede ser derramada sobre ti o sobre mí (y la que vemos en este capítulo) no nos llegará porque ya fue derramada sobre Jesús. Y es triste pensar que todavía hay gente que prefiere vivir sus vidas egoístas y rechazar el plan de salvación pensando que evitarán el juicio del Señor.

        Debemos humillarnos delante del Señor porque cuando lo hacemos él nos perdona. Recuerda lo que dice 1 Juan: “Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados”. Esto es maravilloso, pero también agrega: “... y nos limpie de toda maldad”. (1 Juan 1:9) Hemos sido muy injustos y cuando él nos limpia nos da un sentido muy liberador y no podemos dejar de agradecérselo.

        Se produjo un terremoto cuando Jesús estaba colgado en la cruz, y se oscureció la Tierra. Toda la ira estaba siendo derramada sobre el Hijo de Dios. La representación de la crucifixión en la película de Mel Gibson era muy fuerte pero pienso que, en realidad, para Jesús le fue más fuerte aun. Y en Isaías vemos que su parecer, su cara, fue desfigurada. Si lo hubieras visto antes y después no pensarías que era un ser humano. “En tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.” (Isaías 52:14)

        Es muy fuerte. Imagínate cuánto te dolería si te metieran un clavo a través de la mano. Definitivamente dolería. Tal vez no tanto si te lo metieran entre los ligamentos, pero tendrías que sostenerte en la cruz con los huesos de tu mano. Luego vendría el flagelo y si fuera el romano, desgarraría tu carne. Llegarían los clavos hasta tu espina dorsal y hasta tus costillas y quedarían expuestas. Quedarías como carne molida y luego tendrías que estirarte y alejarte de la cruz porque sus astillas se te estarían hincando. Esto lo hizo Jesús y fue sólo una parte de la ira de Dios derramada sobre él. Esa ira iba dirigida a ti, pero fue puesta sobre el Hijo de Dios.

        Tú y yo deberíamos terminar en un ataúd o en una urna como cenizas pero no lo vamos a hacer. Dejaremos este cuerpo y nunca experimentaremos la muerte. ¡Qué asombroso!

        Entonces, cuando hablamos acerca de la ira de Dios aquí en el verso 1, sabemos que no es para la gente que ha aceptado su plan de salvación: es para los que lo rechazaron.

        Ahora bien, ¿es Dios malo porque dice: “acepta mi plan o vete al infierno”? No, porque nunca lo dijo. Lo que él ha dicho, a través del Antiguo Testamento y desde el huerto del Edén, es “mi juicio vendrá”. O sea, él ha advertido al mundo durante siglos, pero el mundo no le ha creído. Él ha dado aviso y las naciones le han dado la espalda; incluso lo ha hecho su propia gente. Dios no es malo. Él dice: “Mi ira vendrá en tal día. Pero tienes la oportunidad de ver el día en que mi Hijo pagó el precio de esta ira en la cruz”. Al dar Dios esta manera de salvación, nos damos cuenta de que él es un buen Dios, y es bondadoso. En Corintios dice: “Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí”. (2 Corintios 5:19) Dios veía a través de Jesús, pues Jesús con el Padre una cosa son. (Juan 10:30) Dios vio por lo que pasó su Hijo y lo experimentó por ti. Esto es asombroso. No lo podemos entender completamente con nuestras pequeñas mentes finitas. Creo que no tenemos el cableado ni la capacidad suficiente para sostener toda esta información, pero el Espíritu Santo nos lo puede revelar.

        Esta ira es de un Dios amoroso hacia los que odian a Dios.

        “Y fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra; y vino una plaga mala y dañosa sobre los hombres que tenían la señal de la bestia, y sobre los que adoraban su imagen.” (Apocalipsis 16:2)

        Acuérdate de la marca de la bestia y del número 666. Vimos que hoy en día ya existen razones suficientes y la tecnología necesaria para quitar la moneda de la sociedad. Y ya se puede hacer una marca en la mano derecha o en la frente. Ahora algo dañoso saldrá y causará llagas en la gente. Y este juicio hederá. Así que si tú estás en una cita pensando besar a tu pareja, saldrá de repente esta llaga repelente. Pero seguramente no quieres salir con alguien que tomará la marca: quieres recibir a Jesús y olvidarte de todo esto.

        “Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como de un muerto; y toda alma viviente fue muerta en el mar.” (Apocalipsis 16:3)

        “Toda alma viviente” en el mar. Las ballenas y las pequeñas nutrias. Me acuerdo de cuando estuve predicando en las Islas Aleutianas, entre Alaska y Rusia. Vi a cientos y cientos de pequeñas nutrias flotando sobre sus espaldas. No eran una ni dos ni una docena, sino que eran cientos. Estaban sobre sus espaldas comiendo almejas. Estaban allí flotando en esa agua helada. Y todas esas pequeñas criaturas morirán. También todas las marsopas, los delfines, los peces y las langostas. Cada alma viviente morirá.

        Si las llagas hieden ahora, imagínate cómo será en este juicio. Ya hay bahías contaminadas y ya las hemos olido. Pero aquí todas las almas vivientes flotarán en la superficie. Entonces todo el planeta hederá y todos los hombres también. El mar se convertirá en sangre, como de un muerto.

        La diferencia entre la sangre de un hombre vivo y la de uno muerto es que la del vivo, lo mantiene vivo. ¿Cómo lo hace? A través del corazón que late; y lo mismo ocurre con el que no tiene corazón, éste está muerto, espiritualmente y físicamente. Hay un cuadro tremendo aquí.

        La sangre de un muerto no le ayuda porque no circula. Si tu corazón se ha muerto en cuanto a las cosas de Dios, no te servirá aferrarte a una religión. Necesitas a Jesucristo como tu Señor y salvador.

        “Y el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.” (Apocalipsis 16:4-5)

        Esto lo hace justo porque Dios sería injusto si no juzgara el pecado.

        Me gustaría que pensaras en este escenario: toda la gente tiene llagas abiertas y hieden. Todas las criaturas, las que tienen un tamaño tan grande como el de una ballena hasta las que son como un pequeño piscardo, se mueren en el mar y todo el planeta se queda pútrido. Luego, también le pasa a todo el agua fresca, o sea, a todos los ríos principales como el Rin, el Nilo (“ni lo” hueles), el Misisipi, el Amazonas, y todas las fuentes. Todos quedan contaminados. Creo que entonces querrás un vaso de agua fría.

        También quieres vida eterna: “agua viva” la llamó Jesús. Quieres que fluya a través de ti.

        Vemos en el mundo estos cuadros de cosas que tú necesitas espiritualmente. Si estás muerto interiormente, todo eso muerto flota a la superficie de tu alma y hiedes y no le puedes proveer agua fresca a otra persona. Debes dejar que el agua viva (el Espíritu Santo) fluya a través de ti.

        “Porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen.
        Y oí a otro del altar, que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.” (Apocalipsis 16:6-7)

        Muchas veces escondemos la verdad y no confiamos realmente en toda la gente. Pero Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. (Juan 14:6) Y aquí dice que Dios sí es verdadero.

        Una mujer asiática me acaba de preguntar: “¿Por qué tú antes creías en Buda y leías acerca de él?”. Le contesté: “Yo estaba buscando la verdad, pero cuando me convertí en cristiano aprendí algo acerca de Buda. Probablemente, él sí era un hombre tierno y tenía buenas cosas para decir. Pero Buda nunca conoció la verdad”.

        En los años 60 yo dejé a mi esposa e hijos para seguir un camino espiritual en búsqueda de Dios. ¿Y sabes de dónde lo aprendí? De Buda, ya que él dejó a su esposa y a su hijo. Cuando yo leía muchas biografías acerca de Buda no me daba cuenta de que ese hecho se quedaba escondido dentro de mi alma. Yo pensaba que tenía que dejar todo para encontrar a Dios.

        Lo único que Dios quiere que deje es mi pecado. Pero me encanta retener mi pecado, ¿a ti no? Suena bien: el pecado. Y eso es todo lo que él quiere que dejemos. Pero lo retenemos. Tienes que dejarlo.

        Cuando acepté a Jesús encontré que Dios es verdadero. Jesús también dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”. (Juan 8:32)

        Es maravilloso. Muchas veces nos comportamos como algunos monos. Para cazarlos, creo que en las Islas Filipinas, toman un coco y hacen un agujero y lo llenan con arroz. A los monos les encanta el arroz, no sé si lo sabías. Son muy “monos” cuando les das arroz. Luego ponen los cocos sobre un claro y llegan los monos. Son muy inquisidores y se acercan. Huelen el arroz y ven el coco y no quieren que nadie lo tome. Inmediatamente meten la mano y agarran un puñado de arroz. Pero ahora, tienen el puño cerrado para que nadie les quite el arroz y esto mismo impide que puedan sacar la mano del coco. Son tan glotones, que no sueltan el arroz. Llegan los cazadores de monos y los monos suben a las palmas con los cocos. Ellos creen que se están escondiendo con su arroz, pero los cazadores saben perfectamente dónde están porque oyen los golpes de los cocos: ¡clonc, clonc, clonc!

        A veces tú y yo somos así. Somos codiciosos y nos agarramos fuerte a nuestro pecado. Hacemos mucho ruido, y es como si pensáramos que el Espíritu Santo no nos ve. Claro que nos ve.

        Dios es verdadero. No te mentirá y su palabra es verdadera. Si sólo leyeras y estudiaras su palabra se purificaría tu corazón ante él.

        Mira qué más dice la voz del altar: “Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos”.

        Le doy gracias a Dios porque él sí es justo. La Biblia nos dice que todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios. También dice que no hay justo, ni aun uno. (Romanos 3:23, 10)

        Tú y yo, por naturaleza, no somos gente justa. Si Dios no fuera justo, sólo nos quedaría hacerle reverencia a una estatua de Buda. No habría nada más que pudiéramos hacer. Pero porque él es justo y porque su justicia nos es dada a nosotros a través de su Hijo Jesucristo, somos hechos justos. Cuando nacemos de nuevo a través del Espíritu Santo esa justicia de Cristo ahora nos es contada. Dios nos ve en su Hijo y ve que estamos redimidos. Somos justificados y hechos justos. Y si no fuera justo nuestro Padre, tampoco nosotros podríamos serlo.

        El Señor Dios es verdadero y justo y sus juicios son verdaderos y justos. Él tiene todos los hechos y todos los datos que confirman por qué se está haciendo este juicio. Y Dios tiene todos los detalles de mi vida. Él conoce todas las mentiras, todas las trampas y cada manipulación. Él conoce cada cosa sucia que tengo en mi mente, corazón y alma. Él ve cada uno de esos detalles y tiene todo el derecho de derramar la ira de Dios sobre mí.

        Pero luego ve en mi corazón y ve a su Hijo. Se da cuenta de que Jesús ha entrado en mi vida. Ve que la justicia de su Hijo ahora está limpiando todo eso.

        Y no puedo limpiar todas estas cosas mías a través de mis obras porque la Biblia dice: “Sois salvos por gracia a través de la fe y esto no de vosotros para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:9-10)

        Es la justicia de Jesucristo lo que nos limpia y lo que nos permite tener vida eterna. Y tú necesitas esta justicia.

        Necesitas la justicia de Jesucristo porque ésta no la puedes obtener encendiendo velas ni yendo de rodillas al lugar sagrado ni haciendo una genuflexión. Simplemente estas cosas no te limpiarán y no te harán justo.

        Tenemos que seguir porque apenas hemos visto las primeras tres copas.

        “Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol.” (Apocalipsis 16:8)

        Mira en dónde derramó la copa: sobre el ¡sol! Ponte a pensar en eso un rato. El sol tiene una temperatura de millones y millones de grados, entonces ¿qué se puede hacer con el sol? ¿Echarle gasolina?

        Mira lo que le pasó al ángel:

        “Y le fue dado quemar a los hombres con fuego”. (Apocalipsis 16:8)

        Imagina que estás cubierto con llagas y hueles mal y la gente huele mal. Tu maquillaje no es efectivo porque hasta tus cejas se ven mal. Estás evadiendo a la gente y ellos te evaden a ti. Ya abriste la llave y salió sangre que huele mal. Sales a la playa para ir a surfear y todo está mal. Estás asqueada y de repente hace mucho calor. Te quemas, no es que te broncees, sino que literalmente te quemas.

        El sol está a unos 150 millones de kilómetros de distancia de la Tierra. Para que nos llegue un rayo de luz hacen falta 8 minutos aproximadamente; esto quiere decir que cualquier luz que veamos ya tiene 8 minutos de edad. Aquí, en la costa de San Diego, tenemos veranos con temperaturas muy agradables. En el desierto hace mucho más calor, pero allí el sol no te quema la piel literalmente.

        Si no tienes agua te deshidratas. En el juicio no habrá agua y el calor habrá aumentado y todo empezará a tomar un efecto de sauna. En este juicio, el sol, lo que no apreciamos por darnos luz y una bronceada a veces, va a quemar a la gente en la Tierra.

        Estos rayos que viajan 150 kilómetros van a desgarrarnos. Y la piel o la carne que ahora está llena de llagas será simplemente chamuscada. Será como meter la mano en un microondas. No será muy agradable.

        Ya se nos ha dicho que Dios va a destruir todo el planeta con fuego, que finalmente todo se quemará. Así, él va a purificar todo y luego pondrá cielos nuevos y tierra nueva. (2 Pedro 3:7, 12)

        “Al ángel le fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas.” (Apocalipsis 16:8-9)

        Subraya esto: “... blasfemaron el nombre de Dios”. ¿Has oído a gente en tu trabajo, en la escuela o en la playa usando el nombre de Dios en vano y blasfemando? Maldicen a Dios y usan “Jesús” como una mala palabra.

        Con todo lo que les sucederá, en vez de ponerse tiernos y clamar a Dios, todos blasfeman su nombre. El calor les alcanzará y serán quemados. ¿Y qué hay en sus corazones? La Biblia dice que de la boca habla la abundancia del corazón. (Mateo 12:34)

        Cuando tuvimos fuertísimos incendios en San Diego, llevamos comida a los bomberos. Me contaron que fue muy difícil trabajar en esas zonas porque el calor era abrumador. Uno murió y fue algo muy trágico porque estaban todos juntos. Les alcanzaron las llamas y ellos corrieron hacia una zona segura. Este hombre cayó en el último momento y cuando sus amigos voltearon a verlo a unos 7 metros, ya le había alcanzado el fuego.

        Pasó así de rápido. Y este fuego de la copa será global y perseguirá a 7 u 8 mil millones al mismo tiempo. En vez de alabar el nombre de Dios lo maldecirán y lo blasfemarán.

        ¿Por qué querrías salir hoy blasfemando el nombre de Dios?

        La Biblia dice que todo pecado y blasfemia serán perdonados menos uno: la blasfemia contra el Espíritu Santo. (Mateo 12:31) Uno puede blasfemar contra el Espíritu Santo cuando rechaza su poder de decir que Jesucristo es el Hijo de Dios. Tú puedes blasfemarlo si resistes su plan de salvación que quita la ira de Dios y la pone sobre su Hijo.

        También puedes darle la espalda a Dios y blasfemarlo sin que te queme el calor y sin que veas ballenas muertas y tu carne salpicada de llagas. Puedes hacerlo sólo viviendo la vida normal de la ciudad, en la que vives egoístamente.

        Es cuando dices: “No te oigo Espíritu Santo. No oigo que me hables. No oigo que debo arrepentirme de mis pecados. No te oigo decirme que necesito justicia. Pues no quiero oírte”.

        Eso es blasfemar contra el Espíritu Santo y es la única cosa que no puede ser perdonada.

        Y es porque has decidido negar el plan de salvación de Dios. Dios es un juez y sus juicios son verdaderos y justos. Entonces, él no puede interferirse en tu voluntad libre ni tomar tu decisión de lo que quieres hacer para la eternidad. Eso lo tienes que elegir tú.

        Llega el fuego, se queman los hombres con el gran calor y blasfeman el nombre de Dios.

        “Y no se arrepintieron para darle gloria.” (Apocalipsis 16:9)

        Entonces ¿qué es lo que debemos hacer? Debemos arrepentirnos.

        ¿Qué significa arrepentirse? Significa dar la vuelta y andar en el sentido contrario. Da la vuelta y camina hacia Dios, no en contra de Dios.

        Los pilotos saben que si entran en una tormenta con un avión equivocado y no pueden voltear 180 grados inmediatamente, la tormenta romperá las alas en pedazos. Entonces, lo primero que se tiene que hacer es dar una vuelta de 180 grados. Se voltea inmediatamente y con suavidad, evitando brusquedades. Tienes que salir de esa tormenta e irte en el sentido contrario y es igual con la eternidad.

        Si ves que estás en medio de la condenación eterna y necesitas dar la vuelta, tienes que seguir a Jesús, la luz del mundo, y darle tu corazón. Es tu elección y es tu vida. Tú estás a cargo de tu vida, la tienes que dirigir. ¿En qué dirección quieres irte? Así que te tienes que arrepentir.

        Arrepentirse, número uno, y darle gloria. Queremos darle gloria, queremos agradecerle a Dios por todo lo que él ha hecho.

        “Y el quinto ángel derramó su copa sobre la silla de la bestia; y su reino se hizo tenebroso.” (Apocalipsis 16:10)

        Esto es asombroso. El quinto ángel derrama su copa sobre el trono de la bestia. Y esto quiere decir que un ángel de Dios tiene más poder que el falso profeta y el Anticristo (la bestia). Un buen ángel puede dominar esta sede de poder.

        ¿Y qué pasó? Su reino se hizo “tenebroso”. ¿Pero no es ya su reino de tinieblas? Como en los clubes nocturnos y en las fiestas que no ponen muchos focos ni proyectores alrededor; prefieren que el ambiente esté oscuro. Todo tenebroso.

        Casi siempre el pecado se hace en la oscuridad y a puerta cerrada. Se cierran las persianas y se apagan las luces y se conspira en secreto. El pecado es muy oscuro.

        Pero aquí Dios dirá: ¿Esto te parece oscuro? Les voy a mostrar lo que significa “tenebroso”. Jesús nos mostró esto un poco cuando habló acerca del alma que se fue al infierno por la eternidad. Dijo: “Habrá lloro y lamentación y el crujir de dientes porque serán echados a las tinieblas de afuera”. (Mateo 8:12)

        ¿Sabías cuántos millones de kilos de presión hay en un centímetro cúbico de un agujero negro? ¿Sabías que tu alma es infinitesimal en comparación? No quieres rechazar a Dios e irte a un agujero negro; si estuvieras en ese pequeño cubo escucharías todos los gritos alrededor de ti y las maldiciones y la agonía de la gente por la eternidad: nunca podrías apagarlo ni ver un solo rostro de tus amigos. Tal vez reconozcas una voz, la de alguien con quien ibas a fiestas, pero no lo verás. Sólo oirás la angustia de su alma.

        Esto es una cosa espantosa. Pero Dios es un Dios verdadero, es un juez verdadero, es un Dios justo y es un juez justo. Dale gloria ahora que estás vivo. Usa cada respiro que tienes y todo lo que tienes: tu cuerpo, tu dinero, tu fuerza física, tu educación y tus habilidades para darle gloria a Dios.

        No le des gloria a tu carne ni al reino tenebroso. Esta oscuridad no es nada en comparación con la oscuridad que habrá cuando Dios apague las luces.

        Y este ángel tiene el poder de apagar las luces y de apagar las tinieblas para que se oscurezcan aún más.

        Hay mucho en el reino espiritual que está más allá de lo que tú y yo pensamos normalmente. Sólo esto nos debe dar el temor de Dios: hay dimensiones y matrices mucho más allá de lo que nosotros podemos comprender. Si puedes imaginar algo, probablemente existe. Eso ya lo sabemos porque los productores de televisión y de cine se imaginan cosas bastante raras; y de algún lugar consiguieron estas ideas.

        Y mira esto:

        “Y se mordían sus lenguas de dolor”. (Apocalipsis 16:10)

        Espera un momento. Alguna vez me he mordido la lengua pero creo que nunca ha sido a propósito. Estas personas se ponen a hacerlo, se ponen a masticar o a roer sus lenguas. Imagina qué doloroso será.

        Cuando alguien se golpea el dedo del pie o se golpea un dedo con un martillo grita y a veces se muerde el dedo. Normalmente hay alguna reacción. Es igual que el tipo que fue al psiquiatra. La esposa le dice al doctor: “Lo tiene que ayudar”. Y el doctor pregunta: “¿Y cuál es su problema?”. “Se golpea en la cabeza con un martillo todo el tiempo.” El doctor lo ve y le dice: “¿Es cierto?”. “Oh, sí y aquí tengo el martillo.” Y se golpea. Le dice el psiquiatra: “¿Y por qué lo haces?”. Y responde el hombre: “Porque mi vida es tan mala que cuando termino de golpearme por lo menos me siento mejor un rato”.

        Mucha gente dice: “Tengo seis semanas limpias”. Quieren decir que no se han drogado o que no han bebido en cierta cantidad de tiempo, o han dejado de fornicar o fumar y se sienten muy bien. Dicen: “Me siento genial porque he estado limpio este tiempo”. Y eso en sí es un viaje. Se sienten bien porque no se sienten mal.

        Pero cuando regresas a los malos hábitos, te sientes mal.

        Estas personas que muerden sus lenguas para distraerse del dolor que sienten están diciendo que ese dolor es peor que el de morderse la lengua. ¿Qué doloroso será? Si te pones a morder tu lengua sólo un poco, verás que duele. Entonces imagina si la roes. Si visitas hospitales mentales sabes que a la gente que pone en peligro a otros le ponen una camisa de fuerza o le encierran en una habitación acolchada. Estas personas muchas veces se muerden la lengua. Les tienen que poner una goma en la boca para que no se la muerdan. El dolor mental es muy fuerte.

        Eres culpable de muchas cosas ahora. Imagina si estuvieras viviendo con esa culpa delante de ti por siempre. Nunca jamás podrías besarle a alguien ni darle un abrazo. Ya nunca podrías reírte ni irte a surfear ni salir de vacaciones ni sentirte bien otra vez; pero eso sí, tendrías esa culpa y ese pecado delante de ti por siempre.

        Y ya no serías un cuerpo sino sólo una pequeña alma dentro de una completa oscuridad. No te podrías orientar porque no tendrías ningún punto de orientación ni de dirección. No sabrías si estás arriba o abajo o de lado. No sabrías si estás a la derecha o a la izquierda o si estás dando vueltas o yendo por un sentido o el otro. Oirías a la gente gritar y no tendrías ni idea de lo que sucede a tu alrededor. Tendrías todo esto delante de ti, ¡y por siempre!

        ¿Por qué querrías hacerlo así si Jesucristo murió en la cruz para que eso fuera borrado completamente con su sangre y para que se escribiera tu nombre en el libro de la vida del Cordero? ¿No quieres recibir libertad para la eternidad? ¿Por qué piensas que eres tan cool que quieres vivir así? ¿Por qué la gente piense así? No lo sé, no tiene sentido.

        El dolor que tienen, aun antes de dejar sus cuerpos, es tan fuerte (como los olores y la oscuridad) que muerden sus lenguas para distraerse. Por esto la gente viaja. Están tratando de distraerse del dolor de su divorcio o de su niñez o del problema que sea que tienen. Y por esto la gente es bebedora. Están tratando de cubrir el dolor con el vino o con el vodka. “¡Qué día tan difícil tuve en el trabajo! Pero ahora me siento mejor.” Bueno, estás tratando de aliviar tu estrés en vez de decir: “Gracias Señor por este día, fue muy difícil pero te pido que me llenes ahora con tu Espíritu Santo”.

        Yo tenía 26 años cuando vine al Señor. Antes me pasaba el tiempo yendo a fiestas. Preferiría no haber perdido tantos años, sin embargo, he servido a Jesús desde entonces y he tenido el Espíritu Santo. Quiero que su poder fluya a través de mí para tocar vidas, pues leo acerca de personas maravillosas como Jorge Whitefield (evangelista del siglo XVII) y me gustaría ser como él y espero que tú quieras lo mismo.

        Son cosas indecibles las que sientes de Dios. ¿Sabías que Dios está presente ahora a través de su Espíritu Santo? Él nos ama tanto que nos pide oír su voz y comprometernos con él.

        Hay muchos amigos tuyos que nunca vas a ver otra vez y que estarán en ese pequeño agujero negro. Es más oscuro que el reino del Anticristo y estarán llorando y crujirán sus dientes. No será una pena de prisión de un día, una semana ni cien años, sino de una eternidad sin parada. Así será cada momento consciente. Verán el pecado que los separó de Dios: las aventuras sexuales, las aventuras de caladas, cada cosa que hicieron alegres y egoístamente. Es lo que tendrán presente.

        ¿Y sabes lo que invalidará sus razones por todo eso para la eternidad? Que estuvieron delante del trono de Dios con la oportunidad de tener a un juez verdadero y justo para explicar por qué negaron su plan de salvación. Y siempre recordarán a Jesús a la diestra de Dios con sus manos agujereadas por clavos y su rostro tan golpeado que no parece hombre. En Zacarías dice que “le preguntarán: ¿Qué heridas son éstas en tus manos?”. Creo que ésas todavía las tiene. “Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.” (Zacarías 13:6)

        El quinto ángel hace lo suyo y la gente no se arrepiente.

        “Y blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores, y por sus plagas, y no se arrepintieron de sus obras.” (Apocalipsis 16:11)

        Mira algo acerca del río Éufrates.

        “Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates, y el agua de él se secó, para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente.” (Apocalipsis 16:12)

        ¿Sabías que si quieren ya pueden secar el río Éufrates? Se han edificado unos diques grandes en los últimos veinte años. El río empieza en Turquía y pasa por Siria e Irak. Es muy estratégico porque se necesita para proveer de agua y energía eléctrica. Creo que esto también tiene que ver con las reservas de petróleo si te paras a pensarlo. Pero aquí en Apocalipsis dice que se seca este río importante para que puedan pasar todas las fuerzas orientales. Y nunca se ha secado antes.

        “Y vi salir de la boca del dragón [Uno], y de la boca de la bestia [Dos], y de la boca del falso profeta [Tres], tres espíritus inmundos a manera de ranas:
        Porque son espíritus de demonios, que hacen señales, para ir a los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.” (Apocalipsis 16:13-14)

        Imagina a los presidentes, a los reyes y a los gobernadores: imagina a los que gobiernan todo el mundo ser dirigidos por demonios. Y estos tres seguramente están poseídos.

        Ahora lee esto detenidamente:

        “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza”. (Apocalipsis 16:15)

        Esto nos lo dice Jesucristo. Tienes que estar velando y listo.

        “Y los congregó en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
        Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es.
        Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fue jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.
        Y la ciudad grande fue partida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira.
        Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.
        Y cayó del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un talento: y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue muy grande.” (Apocalipsis 16:16-21)

        Hay muchas cosas que están sucediendo y que el Espíritu Santo quiere revelar.

        Ahora ¿nos ponemos de pie y oramos? ¿Adoramos a Dios y le damos gloria? ¿No le daremos las gracias por nuestras vidas? ¿Estás tú agradecido porque estás vivo? Démosle gracias porque nos ha dado otro día de respiro.

        Algunos de ustedes tienen que arreglarse con Dios. La Biblia dice: “... arrepiéntase”. Da la vuelta y cambia de sentido. Apártate del mundo y ve hacia Dios.

        Jesús llamó a Zaqueo y éste se bajó de un árbol, a Mateo que dejó su trabajo de cobrador de impuestos, y a Pedro, Santiago, Juan y a Andrés, que dejaron su negocio de pesca. Ellos cambiaron su rumbo de vida para ser sus predicadores y sus siervos. No estoy diciendo que dejes tu trabajo y tus responsabilidades, sino que cambies de rumbo para servirle si él te está llamando a hacerlo.

        Ustedes, jóvenes, tienen que dejar ciertas cosas pecaminosas. Tienes que hacer un compromiso total de tu alma, cuerpo y espíritu a Dios Todopoderoso. Deja que te limpie y que toda esa culpa se lave. Deja que la frescura del Espíritu Santo te llene.

        A algunos de ustedes el Señor los está llamando y necesitan tomar una postura para Jesucristo públicamente. Algunos de ustedes han huido de Dios y les está exponiendo. Algunos de ustedes son tibios en cuanto a Dios, y él quiere que se expongan.

        “Padre, te pido por estos hombres y mujeres. Que derrames tu Espíritu Santo sobre ellos para que surja el agua viva a través de ellos. Te pido que refresques sus corazones y mentes y que te den gloria y honren tu nombre. Que no te blasfemen ni maldigan tu nombre. Perdona a estos hombres y mujeres de sus pecados. Levanta líderes futuros para ti, hombres y mujeres que sean usados para traer a otros a tu reino.”

        Tú ora así: “Padre, perdóname por mis pecados. Te confieso que he vivido apartado de ti y eso ha blasfemado tu nombre. Por favor, perdóname. Dios, quiero que sean perdonados mis pecados y mi corazón renovado a través de la sangre de Jesucristo. Te pido, Jesús, que entres en mi vida y que seas el Señor de mi vida. Le invito al Espíritu Santo que me bautice con agua viva ahora y me dé un nuevo comienzo. En el nombre de Jesús, amén”.