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El Gran Médico
Por Kirk A. Milhoan, MD, PHD.


     Hoy tuve el privilegio de ver la culminación de innumerables eventos orquestados por Dios para bendecir a una jovencita y a su familia de México.

     Todo empezó el 17 de enero de 1991 cuando nació Erica. Ella era un regalo de Dios ansiosamente esperado por sus padres jóvenes. Todo era como podía esperarse de una infanta recién nacida hasta la edad de tres meses cuando los doctores descubrieron un soplo en su corazón. Diagnosticaron correctamente un ductus arteriosus patente (DAP.) Éste no era un diagnóstico terrible hablando de defectos del corazón. Ella podría vivir muchos años sin problemas específicos; pero no corregido grandemente disminuiría la duración de su vida y la pondría a riesgo de tener una infección bacteriana en el corazón.

     Sus padres no tenían la habilidad de llevar a Erica a los cirujanos que podrían reparar esta lesión. Tuvieron que esperar y ver. Mientras crecía Erica también crecía el soplo. Lo que empezó como un sonido tenue que sólo podría oírse por los médicos estaba transformándose en una vibración que podría sentirse poniendo la mano sobre su pecho. La vibración aumentó resueltamente al punto de parecer que alguien había puesto un bíper vibrando en su pecho.

     A los seis meses de edad ella progresaba y a cientos de millas en lo que parecían eventos no relacionados, el Dr. Rothman cerró el primer DAP con un rollo de metal usando un catéter en el corazón. Este adelanto técnico era asombroso. Lo que antes requería abrir el pecho con un bisturí y cerrar el vaso ahora podría hacerse guiando un catéter de la ingle del paciente al corazón y poniendo un rollo en el vaso que no había cerrado después del nacimiento. Esto sólo dejaría una cicatriz del tamaño de un agujero de alfiler dónde la aguja había estado en su pierna.

     Pocos meses después de cumplir los ocho años, en la Ciudad Juárez, México, un grupo de cristianos de una iglesia de San Diego, California había llegado a compartir el amor de Jesucristo. Cada noche el pastor, Mike MacIntosh, compartía el evangelio en el estadio. Erica y sus padres estaban allí. Al final del mensaje, Mike dio una invitación para aquéllos que querían recibir a Jesucristo a pasar al frente. Después de que todos los que habían pasado recibieron oración y Biblias, Mike caminaba hacia la salida para visitar a unos oficiales que le esperaban.

     Pero alguien le atrajo la atención. Era Erica con sus padres. Obviamente querían hablar con él, pero mucha gente quería hablar con Mike y ya había personas esperando. Vio la radiante sonrisa de Erica y fue movido por Dios a detenerse y ver lo que querían. Por medio de un traductor, le explicaron el problema y le preguntaron si podía hacer algo. Oró por Erica y uno de los médicos que acompañaba al grupo la examinó. El doctor inmediatamente comprendió la severidad del problema y explicó a los padres que la iglesia haría todo lo posible.

     Cuando Mike se iba sintió un estirón a su abrigo. Era Erica. Le sonrió y le dijo, "Gracias, amigo". Pensó entre sí, "Dios tiene grandes cosas para esta joven".

     Llegando a San Diego, el médico del grupo misionero empezó a hacer unas llamadas telefónicas. Interesantemente, un miembro de la iglesia había llegado a ser la gerente comercial de la división de Cardiología Pediátrica en la Universidad de California en San Diego (UCSD) dónde trabaja el Dr. Rothman. Su trabajo era conseguir más dinero para el departamento pero su corazón estaba lleno del deseo de ayudar a aquéllos que no tenían dinero. Ella también fue conmovida por la historia de esta niña y podía sentir la mano compasiva de Dios. Hizo las llamadas necesarias y fue aceptada sin algún costo a la familia.

     Ahora en julio de 1999 yo apenas había cambiado a San Diego para cumplir mi beca en cardiología pediátrica en la UCSD. Fui a la iglesia Compañerismo Cristiano Horizonte dónde había ido antes de empezar la escuela de medicina. Ese domingo Mike contaba de todas las bendiciones del viaje a Juárez y la bendición de conseguir la aprobación para tratar a Erica en el hospital UCSD. Pensé, "Tengo que encontrar la manera de involucrarme con este caso". Después escuché que sería en noviembre.

     El 13 de noviembre de 1999, Erica y sus padres subieron a un autobús para venir a San Diego. Horizonte quería traerlos en avión pero Erica tenía miedo así que pasaron 18 horas en autobús. Llegaron a San Diego justo a tiempo para subir a la plataforma a recibir el aplauso jubiloso de la congregación en el servicio de Horizonte del sábado de la noche. Igualmente fueron recibidos en los servicios el domingo. Después del último servicio llevaron a Erica a Sea World y luego al zoológico el día siguiente.

     Pude conocer a Erica y a sus maravillosos padres por primera vez el lunes durante la evaluación preoperativa y su sonrisa era infecciosa. El ecocardiograma calculó que el vaso estaba al punto del límite de nuestra habilidad de usar el rollo e informamos a la familia que era posible que la tendríamos que mandar a cirugía. Me sentía desalentado. Realmente quise ser parte de la mejora de esta niña, principalmente para mostrar cómo Dios usa el cuerpo de Cristo para bendecir a los de su redil. Pero no sabríamos hasta que se le hiciera la cateterización el martes.

     Trajeron a Erica al laboratorio y la durmieron con gas anestésico típico que huele idéntico al aroma de tus tintorerías locales. Oré antes de meter la aguja a su vena femoral. Fluyó sangre y avancé un alambre profundamente dentro del vaso. Sacaron la aguja y avanzaron una vaina sobre el alambre. Se usan las vainas para guiar a los catéteres dentro de los vasos así como para protegerlos. Se le hizo el mismo procedimiento en la arteria. Ambas vainas entraron lisamente que no siempre es el caso. ¡Otra bendición!

     Lentamente avancé el catéter en la arteria femoral. El Dr. Rothman y yo miramos por monitor de tele como caminaba hacia el ductus arteriosus. A primera vista el vaso se veía muy grande, probablemente demasiado grande para cerrar con rollo. Se me hundió el corazón. Tanto quería evitar la cirugía de esta niña. Cuando el Dr. Rothman desvió los rayos X para poder ver por otro ángulo, oré que en alguna manera Dios hiciera que este vaso fuera suficientemente pequeño para poder cerrarlo en el laboratorio. A segunda vista el vaso todavía parecía demasiado grande. Intentamos una vez más y en esta el vaso parecía tener una sección muy reducida rodeada por dos áreas muy grandes. Me sentí más alegre, porque parecía que el vaso podría estar en el pleno límite de lo que podíamos cerrar. Para asegurarnos investigamos más a su corazón. Si el diámetro del vaso fuera mayor de 5mm tendríamos que enviarla a cirugía. Salimos del lado de Erica y nos acercamos a los monitores. El Dr. Rothman sostuvo una regla en una toalla estéril para conseguir una medida precisa. Medía exactamente 5mm en diámetro. ¡Otra bendición!

     Todavía estábamos preocupados cuando metimos el rollo al vaso porque la presión podría mandar el rollo a la arteria pulmonar izquierda que sería cosa mala. Así que el Dr. Rothman decidió que debíamos tomar más precauciones. Nosotros sólo teníamos cuatro rollos de ese tamaño en el laboratorio y habíamos estropeado a tres de los cuatro antes de que sintiéramos que teníamos catéteres de tamaño correcto para desplegar los muy grandes "resortes". De hecho tuvimos que cambiar el tamaño de la vaina en su arteria femoral para permitir paso al rollo más grande. Sólo nos quedaba uno. Después de modificar el catéter aórtico para acomodar a un rollo tan grande estábamos listos a desplegarlo. Los rollos son hechos de acero inoxidable cubiertos de un tipo de tejido que grandemente refuerza la coagulación de sangre alrededor del rollo. Si este último rollo fuera dañado o desplegado incorrectamente tendríamos que desahuciar el procedimiento de cerrar su ductus en el laboratorio y enviarla a cirugía.

     El Dr. Rothman y yo trabajamos para colocar el catéter aórtico en justamente la posición correcta y el Dr. Rothman lentamente empujó el rollo. Salió el primer lazo y se formó en la arteria pulmonar izquierda como planeado. Lentamente sacó el catéter dejando el rollo en el vaso. Cuando llegó al final del rollo, tres lazos formaron en la aorta que debe bloquear eficazmente el flujo de sangre. El rollo estaba en la posición perfecta. ¡Otra bendición!

     Sin embargo aun con el rollo grande en el ductus, todavía había flujo en el vaso y todavía había vibración en el pecho. Cuidadosamente manipulamos los catéteres para colocar un rollo más chico al lado del otro. De nuevo fue muy bien como si alguien estuviera guiando cada movimiento. Le pedimos al anestesiólogo que sintiera su pecho. La vibración había desaparecido. Los dos rollos habían funcionado y Erica no necesitaba cirugía.

     Lo que era un día relativamente rutinario para nosotros era mucho más para Erica y sus padres. La niña con la vibración en su pecho por toda la vida estaba curada. Ya no tenían que preocuparse los padres de Erica por cómo iban a pagar su tratamiento. Su duración de vida ahora sería normal porque un grupo de cristianos dirigido por Dios de una iglesia en San Diego se preocupó lo suficiente para despojarse de sus vacaciones e ir a ministrar a la gente de Cd. Juárez, México.

     Cuando le dí de alta a Erica del hospital esa noche, le pedí sentir su pecho. Hablaron sus ojos y apareció una grande sonrisa en su cara. Ella comprendía que la vibración había desaparecido. Qué gran día ser doctor, pensé. Pude experimentar cómo Dios usó a muchos de sus hijos para bendecir a esta familia que había estado orando fervorosamente que su hija fuera sanada. Miré a Erica y a su madre y les dije, "Si no las veo antes, nos vemos en el cielo". La mamá sonrió y con los ojos llenos de lágrimas agradeció a todos los que habían sido usados por Dios para la sanidad de su hija. Pero yo sabía que el único que merecía cualquier reconocimiento era "El Gran Médico".